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El Otoño en el Bierzo

LA RECOMENDACIÓN DE… MARCO ANTONIO GONZÁLEZ, VICEPRESIDENTE ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA

LOMBILLO DE LOS BARRIOS

 


13/10/2017 Diario de León.

 
 
  • Ana F. Barredo - Ana F. Barredo –
 

Mi(s) pueblo(s), Villar, Salas y Lombillo de los Barrios, como otro(s) en el Bierzo – o cualquier otro de España— son de esos pueblos que luchan por sobrevivir y evitar la despoblación. A ver si os animáis los jóvenes, dicen los abuelos. Durante muchos años una de sus mayores fuentes de riqueza, y un gran aporte a la economía familiar, fue la producción vinícola. Recientemente la cosecha —prácticamente inexistente este año, debido a la las inclemencias meteorológicas— ha sido recogida. Desde que tengo uso de razón, y siempre que puedo, desde el mirador de Lombillo de los Barrios, siempre rodeado de los amigos de infancia, los de verdad, los que siempre están ahí, podemos pasar horas y horas, hasta que se pone el sol, disfrutando del espectáculo que pueden dar las tonalidades de otoño en todo el valle del Oza y los alrededores de Villar de los Barrios. La gama de colores ocres que se produce es digno de ver y de dibujar. No es de extrañar que muchas veces haya personas lienzo en mano plasmando estos contados días del año. Si un espectáculo es disfrutar la floración de los cerezos en Japón, el hanami (Google dixit), observar la caducidad de las hojas en el valle del Oza desde Lombillo es más barato y no hace falta pasaporte.

Otras veces, ya más en soledad, pienso en aquella generación de jornaleros y pequeños propietarios de esos viñedos que allá por los años 30 conocieron y creyeron en un proyecto político y cívico como fue la II República de España. Como muchos de ellos, el 20 de julio del 1936 después del golpe de estado militar, tuvieron que decidir entre dos trágicos destinos: una muerte segura o un exilio. Observo los escarpados montes que rodean el Valle del Oza que sirvieron como refugio temporal de huidos hasta que su furtiva presencia fue delatada a autoridades, las cuales realizaron juicios sin garantías alguna hacía el detenido, acabando muchos de ellos en una condena a muerte inevitable. Es fue el caso de mi bisabuelo, Narciso. Su fusilamiento con 29 años dejó una viuda y dos huérfanos, uno de 8 y uno de 3 años. Los hijos de Narciso y los de otros 17 hombres más nunca pudieron completar una formación académica libre y universal que sus padres habían demandado durante la etapa republicana, y ser algo más que otra generación de obreros del campo.

Desde el mirador de Lombillo pueden verse las sendas, que desde las viñas se adentran un gran soto de castaños, y que desaparecen hacia el sur de mi pueblo, más allá de la Aquiana. Alguna de esas sendas fueron tomadas por algunos vecinos de Los Barrios esos sangrientos días de 1936. Por esas sendas fueron vistos por última vez y también fue vista, como dice el poeta Juan Carlos Mestre: «La reivindicación de la utopía y de los sueños pendientes de ser soñados».

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